Jhonander Ojeda Alemán.

Caso SAR: cuatro días sin Saúl, sin José, sin Jhonander

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Defensa refuerza el operativo aéreo para mantener un avión en el aire de forma constante en el rastreo aéreo, mientras el CNI investiga en tierra si tras la desaparición de los tres militares hay una acción criminal

 

El cuarto día de búsqueda de los tres militares desaparecidos tras el amerizaje del helicóptero del SAR en que viajaban el jueves 22 de octubre se ha cerrado este lunes sin rastro de los tripulantes. El Ministerio de Defensa ha reforzado la búsqueda aérea con la presencia permanente de dos aviones CN235 que se turnan para mantener de forma constante una aeronave en el aire en el rastreo de un área extensa de 400 por 60 kilómetros y un Superpuma. A partir de este martes se verán reforzados también los medios navales con la llegada de tres barcos más de la Armada, uno de los cuales puede acoger el aterrizaje y despegue de helicóptero, y más buzos, hasta un total de veinte.

A diferencia de los rastreos aéreos, la búsqueda submarina no se interrumpe durante la noche gracias a los robot del barco Olympic Zeus contratado por Fomento. El progresivo reforzamiento de los medios materiales no ha arrojado por ahora resultados: los militares no aparecen y tampoco la cabina del helicóptero, que se desplazó bajo el mar tras ser atado y remolcado durante varias millas por un barco holandés que pasó el jueves por la zona del accidente cinco horas después de que el helicóptero tuviera que realizar supuestamente un amerizaje de emergencia.

Pero cuantos más días pasan, más aumenta el misterio sobre la desaparición de los militares y se disparan las especulaciones sobre la suerte que han podido correr los tres tripulantes del Superpuma del SAR durante el vuelo que pretendía realizar desde Mauritania hacia Gran Canaria. Una de las claves del misterio tiene que ver con el propio equipamiento básico que llevaban los militares, que en teoría debería arrojar alguna luz sobre la localización de los tres militares: las balizas de emergencia de sus chalecos, al margen de las correspondientes al propio helicóptero y a la balsa de salvamento que supuestamente se desplegó tras el amerizaje.

Las balizas individuales de los miembros del servicio aéreo de rescate se habían sometido a una revisión intensiva después del último accidente del SAR en marzo de 2014, que le costó la vida a tres pilotos y un sargento mecánico durante un ejercicio de grúa nocturna en el mar que se truncó dramáticamente después de que fallara el lanzamiento de una bengala que debía iluminar el mar durante el ejercicio. Esa noche, las balizas individuales de los infortunados militares no funcionaron y el único superviviente del accidente, el sargento Jhonander Ojeda Alemán, dramáticamente desaparecido en este segundo accidente del Superpuma en 19 meses, pudo salvar la vida gracias a la luz estroboscópica que llevaba su chaleco, que activó para que pudiera localizarle el barco de la Armada que participaba en la maniobra.

Tras aquella tragedia, todas las balizas individuales del SAR fueron sometidas a un proceso preventivo de revisión, lo que por cierto dejó fuera de combate por inutilidad muchas de ellas. Ahora, tras la desaparición de los tres militares, una de los grandes misterios del caso es qué ocurrió con las balizas de cada tripulante y, si llegaron a desplegarla, también con la correspondiente a la balsa de salvamento. El misterio se agiganta considerando que los restos semisumergidos del helicóptero fueron divisados por varios aviones y también por varias embarcaciones, entre ellas el buque holandés que trató de impedir durante horas que el helicóptero se hundiera en el mar. ¿Dónde estaban entonces los tres militares, que la tripulación del barco holandés dijo no haber visto en el interior de la cabina antes de que ésta se hundiera en el Atlántico?

El Ministerio de Defensa se ha limitado este lunes a dar cuenta de los medios aéreos y navales que cada día se van integrando en el operativo de rescate. El recuento suma un mayor número de unidades aéreas y navales y más buzos, pero por el momento no hay resultados.

El ministro de Defensa ha mantenido este lunes dos reuniones con los familiares de los militares desaparecidos. Mientras tanto, los servicios secretos españoles prosiguen en tierra sus gestiones para tratar de verificar si tras la desaparición de los militares hay alguna acción criminal y en concreto una retención forzosa tras un supuesto rescate en el mar y una exigencia de pagos como condición para su liberación. Pedro Morenés ya ha dejado claro en dos comparecencias públicas que la hipótesis de un secuestro es una más de cuantas se manejan para intentar resolver este caso, pero también subrayó que “no es la más plausible”. Sin embargo, los familiares de las víctima están convencidos de que sus hijos son retenidos a la fuerza a bordo de algún pesquero o ya en algún punto desértico de la costa.

 

 

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