F-18 del Ejército del Aire. Fuente: Ejército del Aire

Cinco F-18, uno de ellos armado, buscaron el helicóptero del SAR en las primeras horas tras su caída

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Cinco cazas F-18 del Ejército del Aire, uno de ellos armado conforme a la configuración de interceptación de aeronaves sospechosas, participaron en la tarde del jueves 22 de octubre en la búsqueda del helicóptero del SAR que cayó al mar a 285 millas de Gran Canaria durante las primeras horas posteriores a la detección de la baliza de emergencia del Súper Puma. El primero de los F-18 iba armado porque era una de las unidades que se encontraban esa tarde en funciones de policía aérea en la Base Aérea de Gando, en Gran Canaria. El objetivo de su salida era conseguir que, dada su velocidad, se anticipara al CN235 del SAR que ya iba en camino hacia el lugar donde había caído el helicóptero para tratar de hacer una visualización directa y al mismo tiempo dar cobertura de radio para facilitar la comunicación de los tripulantes en el caso de que éstos se encontraran con vida y utilizaran sus equipos personales de alerta y supervivencia.

Cinco unidades de F-18, un CASA 235 y un helicóptero Súper Puma, estos dos pertenecientes al servicio aéreo de rescate (SAR), fueron los recursos movilizados por el Ejército del Aire durante las primeras horas tras la detección de la baliza de emergencia de la nave siniestrada, según han confirmado a esta web fuentes oficiales del Ministerio de Defensa. Los dos primeros aviones, el F-18 en configuración de alerta de combate y el CN235, salieron de la Base Aérea de Gando cuando el Ejército se cercioró de que la señal de emergencia enviada por la baliza no era una falsa alarma. Aunque el dato no se ha conocido hasta tres semanas después del siniestro, el helicóptero había caído a unas millas de distancia (80 kilómetros, según el Ministerio de Defensa) de una zona marítima reservada por Marruecos para ejercicios de tiro naval.

La señal de emergencia de la baliza, enviada y recibida vía satélite y notificada por la estación de seguimiento espacial de Maspalomas, situó la posición del Súper Puma a 285 millas de Gran Canaria, el equivalente a 500 kilómetros de Canarias y 2.500 de la Península y en todo caso fuera de toda cobertura radar y de radio. De hecho, la caída al mar se produjo entre una llamada rutinaria de control realizada por el helicóptero siniestrado para indicar que el viaje se realizaba conforme a lo previsto y la siguiente comunicación, prevista para treinta minutos después y que nunca llegó a producirse.

Según los datos proporcionados a esta web por el Ministerio de Defensa, en cuanto se comprobó que no se trataba de una falsa alarma, se activaron los recursos conforme al protocolo de emergencias, el CASA235 para la búsqueda y el Súper Puma para un eventual rescate. Dado que la autonomía del Súper Puma es inferior y la distancia era de 285 millas, era el CASA 235 el que debía realizar barridos de búsqueda y en todo caso avisar al helicóptero en caso de que se planteara una operación de rescate.

Pero al CASA le precedió el F-18 en configuración de alerta de combate. Se trata de la configuración en que se encuentran usualmente las unidades en alerta de vigilancia permanente: un avión de combate con capacidad para interceptar e incluso derribar aeronaves sospechosas que en este caso, según Defensa, intervino solo por una cuestión de velocidad y anticipación y para tratar de llegar lo antes posible al punto señalado por la baliza de emergencia.

Cuando este avión volvió a la Base Aérea de Gando ya se había organizado su relevo: el Ejército del Aire ya había previsto que otros cuatro F-18 se incorporaran a la localización del helicóptero siniestrado para rotarse dando cobertura de radio al CASA 235, esta vez sin el peso del armamento ni configuración de interceptación de naves, entre otras cosas porque ese peso adicional reduce la autonomía de vuelo. Así, mientras el CASA realizaba los rastreos a baja altura, los F-18 orbitaron sobre él para garantizar sus comunicaciones por radio, según la explicación del Ministerio de Defensa.

El CASA 235 localizó el helicóptero y realizó varias fotografías del estado de la nave: el Súper Puma estaba semihundido, con la cabina bajo el agua e inundada.

La operación de búsqueda de los tripulantes quedó detenida cuando ya había caído la noche y España dio por buena la versión oficial comunicada por la Gendarmería de Marruecos a la Guardia Civil, que situaba a los tres militares con vida y a salvo a bordo de un pesquero que los iba a transferir supuestamente a una patrullera. Ningún pesquero ni patrullera llegó a Dakhla a las cuatro de la mañana del viernes 23, cuando supuestamente debían ser desembarcados. Fue a partir de las nueve de la mañana cuando, con los familiares ya extremadamente alarmados por la falta absoluta de pruebas de supervivencia de los tres militares, España reanudó la búsqueda y se encontró 30 horas después con la amarga certeza de que no tenía ningún rastro del paradero de los militares. Como trágicamente se comprobó una semana después, sus cuerpos fueron hallados bajo el mar 8 días después de su caída al mar, atrapados en la cabina del helicóptero, hundida en la noche del 22 al 23 y perdida bajo el océano durante varios días.

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