Homenaje primer aniversario de Jhonander Ojeda. Fotografía: ATCpress

Defensa esquiva el homenaje a tres militares del SAR un año después de su muerte

Share this post

@teresacardenes

El sargento del Ejército del Aire Jhonander Ojeda Alemán cumplía 27 años el 22 de octubre de 2015. Era el único superviviente del helicóptero del SAR que se estrelló en el mar en aguas de Canarias en marzo de 2014 y causó la muerte de cuatro militares. El mismo día de su cumpleaños, Jhonander perdió la vida junto a otros dos militares en un segundo accidente cuando otro helicóptero del SAR cayó al mar por causas desconocidas mientras volaba hacia Gran Canaria desde Senegal. Este sábado se cumplía un año de esta segunda tragedia del SAR. Pero ni el Ministerio de Defensa ni el Ejército del Aire consideraron oportuno rendir homenaje alguno a las víctimas de este segundo accidente. En el caso de Jhonander Ojeda, su padre organizó un sencillo acto para recordar a su hijo y tenía la ilusión de que en el funeral se interpretaran algunas piezas de música militar. Pero Defensa no se dignó mandar ni a un corneta de la Unidad de Música que tiene la Base Aérea de Gando y ni una sola autoridad civil acompañó a la familia en el memorial de su hijo.

Las familias han llegado al primer aniversario de este segundo accidente sin un solo dato sobre las causas del siniestro que le costó la vida al sargento Jhonander Ojeda, el capitán José Morales Rodríguez y el teniente Saúl López Quesada. “Nada de nada”, resume Francisco Ojeda, padre del sargento Jhonander. Pero al mutismo y la falta de información se ha unido la soledad: las familias han afrontado a solas y sin homenaje alguno el primer aniversario de la tragedia. Ni acto, ni coronas, ni misa, ni recuerdo, ni la menor muestra de sensibilidad por parte de las autoridades civiles.

En el caso de Jhonander, su padre organizó una misa en la iglesia de su barrio de La Garita y una ofrenda de flores junto al mar, donde más adelante se colocará un monolito en memoria del joven. Pero lo hizo con el único apoyo de sus amigos y vecinos de La Garita. Ni siquiera el Ayuntamiento estuvo representado en el acto y un banco desierto en la primera fila dio testimonio de la indiferencia de las instituciones civiles. Solo el Ejército del Aire estuvo presente a través del jefe del Mando Aéreo de Canarias y de su número dos, los generales Miguel Ángel Villarroya y Julián Roldán.

El Ministerio de Defensa no ha hecho ni siquiera el ademán de disimular su deseo de que este primer aniversario pase lo más desapercibido posible. Los nombres de las tres víctimas solo se incluirán en un homenaje genérico a los caídos que la Base Aérea de Gando acogerá el 2 de noviembre. Ese día, en la base se colocará un monolito restaurado en recuerdo de “todos los caídos”. También se hará público reconocimiento del ascenso honorífico aprobado por el Consejo de Ministros para las víctimas del primer accidente: el capitán Daniel Pena Valiño, ascendido a comandante; los tenientes Carmen Ortega y Sebastián Ruiz Galván, ascendidos a capitanes, y Carlos Caramanzana Álvarez, ascendido a sargento.

Pero para Jhonander Ojeda y sus compañeros del segundo accidente no habrá ni siquiera ascenso honorífico. Porque a pesar del año transcurrido, el Ministerio de Defensa no habrá cumplimentado a tiempo los trámites requeridos, incluida la aprobación en Consejo de Ministros.

No es la primera vez que Defensa exhibe una pavorosa falta de tacto con los militares afectados por estas dos tragedias. Cuando Jhonander Ojeda sobrevivió al primer accidente, Defensa se negó a concederle la cruz al mérito aeronáutico con distintivo amarillo y solo le otorgó el blanco, equivalente a un reconocimiento de buena conducta. El distintivo amarillo solo llegó para Jhonander cuando la tragedia ya le había golpeado por segunda vez y acabado con su vida.

En medio, los despropósitos con las familias de las víctimas no han cesado. Hace pocos meses, la capitanía de Sevilla acogió un homenaje a los buzos de la Armada que habían participado en el rescate de las víctimas del primer accidente. Defensa impidió expresamente que accediera al acto el padre coraje del teniente Ruiz Galván, en manifiesta represalia por las durísimas críticas que este ciudadano había dirigido a la cúpula del Ministerio tras la muerte de su hijo.

Poco después, Defensa quiso exponer la primera tragedia del SAR como ejemplo de investigación militar en una conferencia académica. La exasperación de las familias les obligó finalmente a retirar el caso del programa.

Este sábado, cuando se cumplía el primer aniversario del segundo accidente, el padre de Jhonander Ojeda hubiese querido que en la iglesia de La Garita se escucharan piezas de música militar interpretadas por la Unidad de Música de la Base de Gando, donde trabajaba su hijo. Pero solo obtuvo un ‘no’ como respuesta, con la vaga excusa de que no se podía sentar un precedente, ni siquiera mediante el envío de un grupo reducido de la banda. “Ni un corneta”, se lamentaba este sábado. En el colmo del surrealismo, alguien dio la orden de que se subcontratara un músico civil para intervenir durante la ceremonia. Y se subcontrató, pero el músico ni siquiera apareció por la iglesia.

En estas condiciones, fue el mismo sacerdote que ofició el funeral el que invitó a los asistentes a cantar La muerte no es el final, el himno militar para los caídos. Fue uno de los momentos más emotivos del homenaje al joven sargento desaparecido. Como lo fue el discurso que Francisco Ojeda dedicó a su hijo: “El legado de Jhonander fue demostrar que el miedo nunca puede vencer”. (Lee aquí esta noticia)

El helicóptero en el que Jhonander murió cayó y se hundió en el Atlántico a 285 millas al sur de Gran Canaria cuando regresaba de unas maniobras en Senegal y tras hacer una escala en Mauritania. El Ejército movilizó varios cazas de combate para buscarlo, uno de ellos en configuración de combate, tras recibir vía satélite la alerta de una baliza de emergencia del helicóptero, que volaba en esos momentos fuera del alcance de los radares.

Era la primera hora de la tarde del 22 de octubre. Al caer la noche, el Ministerio de Defensa español anunció a bombo y platillo que los tres militares habían sido rescatados con vida por un barco marroquí que los desembarcaría de madrugada en Dakhla. Pero el supuesto barco nunca apareció. A la noche siguiente, 30 horas después, el ministro de Defensa, Pedro Morenés, tuvo que comparecer para admitir públicamente que no tenían ni la menor idea de dónde estaban los tres militares desaparecidos. Y empezó entonces para las familias el mismo calvario que ya habían tenido que soportar las afectadas por el primer accidente hasta que se les notificó oficialmente muchos días después el fallecimiento de sus seres queridos.

Al alba del 23 de octubre de 2015, Francisco Ojeda, el padre de Jhonander, fue el primero en darse cuenta de que algo iba mal, muy mal, en el presunto rescate de su hijo y sus dos compañeros anunciado por Defensa. No se equivocó: el presunto pesquero de rescate nunca apareció, nadie desembarcó a ningún militar en ningún puerto marroquí y los tres cuerpos fueron hallados una semana después en el fondo del mar dentro del helicóptero siniestrado.

Un año después, el mutismo oficial sobre las causas es aún peor que al principio. El siniestro está sometido a una doble investigación: la que realiza la comisión técnica de accidentes de aeronaves militares (CITAAM) y la que dirige el juez togado militar, el mismo que instruye la causa del primer accidente. Pero a las familias no se les dispensa información alguna y las fuentes oficiales solo se remiten al informe todavía inacabado de la CITAAM.

Dos semanas después del accidente, esta web publicó en exclusiva que la ruta seguida por el helicóptero pasaba a 80 kilómetros de una zona reservada en el Atlántico por Marruecos para realizar ejercicios militares de tiro. Esa zona estaba expresa y oficialmente notificada por Marruecos como zona de exclusión para el sobrevuelo a menos de 1.200 pies (365 metros de altitud).

El Ministerio de Defensa no quiso entrar en ningún tipo de conjetura sobre este hecho y solo señaló que, cuando saltó la baliza de emergencia del helicóptero, el punto indicado por el satélite se encontraba fuera de la zona de exclusión. (Para leer esta noticia, pincha este enlace)

Más sobre el caso SAR:

El padre del teniente Ruiz: “Me pregunto si en la cúpula de Defensa solo están los más mediocres y los más pelotas

La madre del capitán Pena Valiño: “Siete personas caídas no han sido suficientes

Si quieres leer más sobre el caso SAR de 2015, pincha este enlace que te llevará a un monográfico.

Si quieres leer más sobre el caso SAR de 2014, pincha este enlace al monográfico.

 

Share this post

2 comments

Add yours
  1. eratostenes 23 octubre, 2016 at 11:31 Responder

    No es la primera vez. Para la derecha franquista los militares son lo que son: un instrumento que les asegura en el poder. Cuando llega el momento de demostrar ese amor que sienten por las Fuerzas Armadas sacan su verdadera cara, no hay hipocresía. Esto lo vimos con las víctimas del Yak 42 y lo vemos una y otra vez. Mucho rollo ritual en los entierros, mucha bandera, mucha La muerte no es el final, pero se ocultan las investigaciones, se miente, se silencia, se desprecia a los muertos.
    Salud y República

Post a new comment