El museo de las sonrisas

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La Casa de los Hernández de San Juan de la Rambla, en Tenerife, se ha convertido en un museo sin querer por la curiosidad de los viajeros, pero sobre todo por la amabilidad de su dueña, Carmina

 

Texto: ROSA CÁRDENES (@rosacardenesd)

Fotos: ESTRELLA MUTI (@estrellamuti)

Una señal en la puerta de esta vivienda de cuatro siglos de antigüedad es la causa de que el visitante que recorre en Tenerife el pequeño y bello casco antiguo de San Juan de la Rambla, animado por la curiosidad, atraviese el zaguán, suba las escaleras de madera y acabe dentro sin preguntar. No es un museo, no es un centro de visitantes, es la vivienda de Carmina Hernández, una guía turística casi sin querer.

En el número 22 de la calle Antonio Oramas de la Villa de San Juan de la Rambla, en el Norte de Tenerife, se encuentra la Casa de los Hernández, cuya construcción se remonta al siglo XVII. Un cartel en español e inglés junto a su puerta y responsable de la visita inesperada de curiosos visitantes, informa de que esta fue la casa matriz de la familia Batista Perdomo. Posteriormente, debido a sucesivos matrimonios, pasó a pertenecer desde el siglo XIX a una de las ramas de la familia Hernández. De su fachada destaca la puerta principal, de cuarterones formados por cojines tallados “y de una belleza como no hay otra en todo el pueblo”.

La propietaria de la planta alta, donde termina todo aquel turista o visitante que cruza el zaguán de la vivienda, es Carmina Hernández. “El Ayuntamiento me pidió permiso para poner el cartel, lo pusieron para decir lo que es esta casa”, explica mientras enseña el salón de la vivienda repleto de recuerdos de la familia. Después se acerca a un mueble y saca de él algunas piezas de croché realizados por ella. “Tienes que decir que están bien hechos y muy bien terminados”, dice con razón y orgullosa de su obra.

En la casa vive también Francisco, uno de sus cinco hijos, quien muestra alguna de las curiosidades del inmueble como el patio interior, mientras Carmina se afana en preparar un café y sacar unos dulces hechos en el Norte de Tenerife. “La casa es muy antigua y la vamos arreglando poco a poco porque no somos gente adinerada”, apunta Francisco, al tiempo que abre unas ventanas de madera en perfecto estado para enseñar el patio interior. “Todo el mundo que viene aquí dice que la casa es muy bonita”.

Cuenta Francisco que en este barrio de San Juan de la Rambla quedan ya muy pocos jóvenes. “Ya casi nadie se casa aquí, la gente joven se va fuera, no hay trabajo, y de los que se quedan muchos viven de sus tierras”.

El inmueble de esta familia se encuentra dentro del conjunto histórico declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1993, en la Villa de San Juan de la Rambla, donde abundan las construcciones típicas canarias. Algunas se encuentran en muy buen estado, pero en otras la huella del paso del tiempo y los signos de que necesitan un urgente arreglo son más que evidentes. “El Ayuntamiento debería de poner un papelito en las puertas para que sus propietarios las arreglen”, opina Carmina.

Llega el momento del café al que se suma poco después Aurora, una vecina y amiga de la familia que se incorpora encantada a la charla. “A mi casa viene gente todos los días”, dice esta mujer a la que le gusta atender a todo turista que suba las escaleras de su vivienda siempre que se encuentre bien. Señala que la casa, que heredó de su abuela, le gusta mucho a los canarios y peninsulares que la visitan. A los extranjeros “creo que también, pero no los entiendo”, dice. “¿Que si les hago café también?, en algunos caso sí, en otros no”.

La magnífica vivienda de Carmina y Francisco tiene sabor. Pero lo que conquista es la amabilidad de la amable anfitriona, responsable de que el visitante conozca algo más de la Casa de los Hernández antes de abandonar San Juan de la Rambla.

 

 

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