El sargento Jhonander Ojeda, junto al helicóptero siniestrado en octubre de 2015

El padre del sargento Jhonander: “Un general hizo firmar a mi hijo que no había visto ni oído nada”

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Francisco Ojeda asegura al juez que el único superviviente del accidente del helicóptero del SAR que le costó la vida a 4 militares en 2014 fue obligado a firmar “un pacto de silencio”

 

El sobreviviente se mató en 2015 en otro accidente del SAR cuando ya el general se había convertido en la mano derecha del ministro Pedro Morenés

 

@teresacardenes

El 20 de marzo de 2014, a las 12:00 del mediodía, el sargento Jhonander Ojeda Alemán llegó a la Base Aérea de Gando, en Gran Canaria, como único superviviente del siniestro que 15 horas antes había estrellado y hundido en el océano Atlántico un helicóptero del SAR, arrastrando en su interior hacia la muerte a cuatro militares. Jhonander tenía el rostro lleno de cortes y heridas. Había salvado la vida al romper con la cabeza un ojo de buey de la aeronave siniestrada cuando se hundía en el mar, estaba exhausto tras pasar la noche en vela en el barco de la Armada que lo rescató y tenía el alma devastada por la desaparición de sus cuatro compañeros. Su padre, Francisco Ojeda, ha testificado ante un juez que apenas una hora después de su llegada a tierra, un general del Ejército del Aire hizo firmar al sargento Jhonander “un pacto de silencio”. El compromiso le obligaba a sostener “que no había visto ni oído nada” de lo sucedido en el helicóptero accidentado segundos antes de que este cayera en picado al mar tras escucharse un fuerte estruendo en la cabina. Jhonander murió apenas año y medio después en un segundo accidente de otro helicóptero del SAR que también se estrelló en el Atlántico, con un balance de tres víctimas mortales.

Francisco Ojeda, el padre de Jhonander, reveló la existencia de este pacto obligado de silencio el día 23 del pasado mes de enero, cuando fue citado como testigo ante el juez togado militar que instruye la causa de los dos siniestros del SAR en aguas de Canarias. Según esta declaración, a cuyo contenido íntegro ha tenido acceso esta web, Jhonander fue conminado por un general a firmar un documento por el cual se obligaba a no revelar ningún detalle de lo ocurrido antes del fatal accidente, que le costó la vida a tres pilotos y otro sargento mecánico. “El general”, explicó el padre al juez, “le había hecho firmar un documento que era como un pacto de silencio, (…) le había hecho firmar que no había visto ni oído nada y que cuando se dio cuenta se hallaba en el agua”. Quince días después, durante una reunión con el padre, el mismo general pidió a Francisco Ojeda que le recordara a su hijo la conveniencia de cumplir el acuerdo de silencio. Según el mismo testimonio, el general le ofreció ayuda para intentar insertar en el Ejército al hermano menor de Jhonander Ojeda e incluso le hizo llegar una carta de recomendación para que la esgrimiera en la Delegación del Ministerio de Defensa en Las Palmas.

Pero el destino reservaba una cruel paradoja para esta familia: el general al que Francisco Ojeda atribuye este pacto de silencio es Javier Salto Martínez-Avial, en aquel momento jefe del Mando Aéreo de Canarias (Macan). Quince meses después del accidente, Salto fue relevado en la jefatura del Macan y se convirtió en la mano derecha del entonces ministro Pedro Morenés como director del gabinete técnico del Ministerio de Defensa. Francisco Ojeda se reencontró con ambos en la Base Aérea de Gando en octubre de 2015, pero esta vez para llorar la desaparición de su propio hijo junto a otros dos militares tras caer al mar el helicóptero del SAR en que volvían de unas maniobras en Senegal.

El acta de la declaración ante el juez de Francisco Ojeda sobre el primer accidente recoge una descripción muy pormenorizada sobre lo sucedido en la Base Aérea de Gando el 20 de marzo de 2014. Según el testimonio del padre, su hijo fue recibido por él mismo y por su madre a los pies del helicóptero que lo había trasladado desde el buque de la Armada que lo recogió del mar, en el punto donde hacían maniobras nocturnas la noche anterior cuando la aeronave siniestrada se estrelló.

“Estaba hecho polvo”, exhausto y extremadamente estresado tras la tragedia que le había tocado vivir. Jhonander había roto a puñetazos y cabezazos un ojo de buey del helicóptero cuando éste se hundía rápidamente en el mar en medio de la noche, había buceado varios metros hacia la superficie y allí temió en algún momento no ser encontrado por el barco de la Armada, que lo localizó un largo rato después al ver flotando una pequeña luz de su chaleco en medio de la negra noche. Este barco hacía las maniobras nocturnas con el helicóptero la noche de la tragedia. Su tripulación escuchó un fuerte golpe “como contra cubierta” poco tiempo después de que se interrumpieran las comunicaciones con el helicóptero, que se quedó a ciegas en el aire por un fallo en el lanzamiento de bengalas de iluminación desde un avión de apoyo

En esas condiciones, Jhonander se trasladó con sus padres hasta la residencia de oficiales, donde les esperaba una habitación preparada para ellos. A los 15 ó 20 minutos de llegar, según el testimonio de Francisco Ojeda, llamó a la puerta el teniente coronel Otón, en ese momento jefe del 802 escuadrón del SAR, que había recibido al joven al pie del helicóptero. Pero ahora le acompañaba el general Salto. Era la primera vez que Francisco Ojeda veía a Salto y lo recuerda recostado junto al quicio de la puerta y portando en su mano “una carpeta azul con tirantes”. Las tres personas salieron al pasillo y Salto comentó que “lo sucedido era consecuencia del riesgo de volar, de la misma forma que el que navega corre el peligro de hundirse”. Habían pasado solo 15 horas del accidente y todavía seguían desaparecidos otros cuatro militares, cuyas familias aún tendrían que soportar semanas de agónica espera por los cadáveres de sus hijos. Ojeda volvió enseguida a la habitación con Jhonander.

Solo 5 minutos después, según el relato del acta, el teniente coronel Otón volvió a llamar a la puerta, esta vez para indicar que el general Salto “quería hablar con Jhonander, preguntándole el declarante si dejaban la habitación y se iban para afuera, a lo que le respondió que no, que siguiesen en la habitación, que ellos iban a ir dos habitaciones más allá”. Según el relato del padre, Otón dijo a Jhonander dónde le esperaba Salto y éste fue a la habitación que se le indicó, en cuyo interior permaneció durante 20 ó 25 minutos. El teniente coronel y el padre esperaban en el pasillo.

Cuando salió, Jhonander estaba tan nervioso y asustado que regresó llorando a la habitación donde le esperaba el resto de su familia. Su padre le preguntó qué había pasado. La respuesta recogida en el acta indica que “el general le había hecho firmar un documento que era como un pacto de silencio, motivo por el que su hijo estaba asustado, y que en dicho pacto de silencio le había hecho firmar que no había visto ni oído nada y que cuando se dio cuenta se hallaba en el agua”. Ojeda añadió otro dato sobre las peticiones del general que le relató su hijo: “Le había hecho hincapié en que no tenía que contar nada de lo sucedido a la prensa”.

Presa del fuerte estrés y de los nervios, Jhonander confesó a su padre que ni siquiera había leído el documento que el general le puso a la firma en la habitación cuando se encontraban a solas. “Cuando regresó su hijo y vio cómo se hallaba de asustado, para intentar tranquilizarle le preguntó si había leído el documento, a lo que respondió que no, queriendo señalar que en su opinión el general intimidó a su hijo, ya que regresó a la habitación llorando, lo que pudo ver el teniente coronel Otón, que se hallaba en el pasillo cuando su hijo salió en tal estado de la habitación”. Francisco Ojeda dejó claro en su declaración que, a su juicio, fue el miedo lo que hizo que su hijo accediera a firmar a aquel documento sin ni siquiera leerlo.

Pasados unos 10 o 15 días desde el accidente, Francisco Ojeda se reunió con el general Salto en el despacho de este último. Allí, según se relata en el acta, el entonces jefe del Macan le insistió: “Le indicó que como padre tenía que recalcarle a Jhonander que tenía que mantenerse en lo pactado”. Según Ojeda, su hijo “tenía miedo de que si no decía lo que le había indicado el general Salto, podría tener problemas en su carrera militar y podía impedir que volviese a volar. Seguidamente el general le quiso premiar al declarante” con el ofrecimiento de ayuda para que el hermano menor de Jhonander accediera al Ejército del Aire. Ojeda también aportó al juez togado militar “la tarjeta de recomendación que el general Salto le dio dirigida al Delegado de Defensa en Las Palmas”, una tarjeta que interpretó como un agradecimiento “por el silencio de Jhonander y del declarante”.

Los cuatro militares desaparecidos en el primer accidente del SAR fueron localizados muchos días después en el interior del helicóptero a 2.400 metros de profundidad. Sus familias tuvieron que lanzar una petición pública en Change.org para que Defensa activara un procedimiento de rescate subacuático del helicóptero. En octubre de 2015, el mismo día de su cumpleaños, el helicóptero en que Jhonander y otros dos militares volvían de unas maniobras en Senegal cayó al mar por causas desconocidas a plena luz del día cuando volaba cerca de un área reservada por Marruecos para ejercicios de tiro en el Atlántico. En las primeras horas, Defensa dio por buena una información de Marruecos que situaba a los tres militares rescatados a salvo y a bordo de un pesquero. El supuesto pesquero nunca apareció. Una semana después de la desaparición del helicóptero y de sus tres tripulantes, buzos de la Armada localizaron tres cadáveres en el interior de la aeronave en el fondo del mar.

 

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