El Palmetum de Santa Cruz, el vertedero que se convirtió en jardín botánico

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Rosa Cárdenes (@rosacardenesd)

Más de 16.000 personas visitan en seis meses el espacio consagrado a las palmeras en la capital tinerfeña, un gran área ajardinada sobre una montaña artificial que cubre lo que antes solo eran montones de escombros y de basura

El jardín botánico Palmetum ha recibido, desde su inauguración el pasado mes de enero y hasta finales del mes de junio, la visita de más de 16.000 personas, de los que 6.312 son turistas y 9.638 residentes canarios. Pegado a la costa, frente al Recinto Ferial y junto al Auditorio, este espacio de Santa Cruz de Tenerife, dedicado especialmente a las palmeras, como su nombre indica, no es un jardín botánico cualquiera, pues se erige sobre una montaña artificial que cubre lo que antiguamente era un vertedero.

Un proyecto ejecutado durante décadas ha servido para reconvertir una zona degradada  en un espacio natural que puede visitar todo el viajero que llega a la capital tinerfeña. Antes de que comenzara a ejecutarse el proyecto del Palmetum, a este sitio cubierto por toneladas de tierra se le conocía como la montaña de Lazareto, que alcanza una altura de 42 metros. Fue antiguamente, y hasta 1983, un vertedero de basura que entonces quedaba en las afueras de la ciudad, pero que con el crecimiento urbanístico al final quedó dentro de ella.

El Palmetum es un proyecto del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife para reconvertir una zona degradada en un espacio natural, con la colaboración de diversas entidades e instituciones del mundo en la obtención de semillas de centenares de especies vegetales. En sus 12 hectáreas de extensión, y a excepción de un espacio que está aun por habilitar, se pueden ver árboles, plantas y una amplia colección de palmeras de todo el mundo.

Es la única zona ajardinada sobre una montaña en la costa de la ciudad y desde sus miradores se pueden contemplar unas vistas fabulosas al mar y a la ciudad. Para acceder hay que abonar 4 euros, 1,50 los residentes canarios. Este verano ha ampliado su verano habitual y está abierto desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la tarde.

Lo primero que encuentra el visitante es un edificio de entrada, dotado con un ascensor para acceder a la montaña y una rampa desde la que se vislumbra que allá arriba debe ser excepcional la panorámica de la ciudad. Al frente el Recinto Ferial, a la izquierda la industria de refino, y a la derecha la ciudad con el Auditorio de Tenerife y la cordillera de Anaga como telón de fondo.

El Palmetum, donde se cultivan más de 70 especies amenazada de extinción, está distribuido en diversas secciones biogeográficas dedicadas a África, América Central, Australia, Sudamérica y Filipinas, entre otros lugares del mundo, y uno de los lugares más atractivos de este singular espacio donde las primeras semillas se plantaron en 1995, es el octógeno. Se trata de un espacio abierto al cielo y sombreado con muros de forma octogonal, donde se encuentran las plantas delicadas y donde la principal atracción son las palmeras trepadoras.

Curiosa es también la zona del lago de Madagascar, llamada así porque toda la vegetación tiene su origen en esa isla. Destacan en ese entorno los árboles que salen directamente del agua con raíces en forma de zancos, son los mangles.

A lo largo del recorrido por el Palmetum el visitante dispone de algunos rincones para descansar o simplemente admirar cómodamente la naturaleza de este singular espacio, que también cuenta con varios miradores desde donde se contempla la ciudad y el mar, adornados con barandillas de madera inicialmente y sustituidas en algún caso por barandas metálicas, después de que las destrozaran unos vándalos que se colaron de noche al recinto cerrado en horario cerrado al público. Por reparar queda también una de las cascadas que se derrumbó de las varias con que cuenta el Palmetum.

El ayuntamiento quiere hacer de este espacio un atractivo más para Santa Cruz, llamado a generar, con el tiempo, un mayor volumen de turismo. El Palmetum, que es una realidad después de más de dos décadas y de superar algunas vicisitudes, con parones incluidos, se financió con fondos de la Unión Europea y las aportaciones del Gobierno de Canarias y del Cabildo de Tenerife, así como del Estado, que contribuyó en la reparación de los desperfectos y la pérdida de un importante número de plantas que causó la tormenta tropical ‘Delta’ en 2005. En total, se invirtieron aproximadamente 10 millones de euros para reconvertir una montaña de escombros y basura en el espacio natural que es hoy en día y donde abundan las palmeras.

 

 

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