El teniente del SAR Sebastián Ruiz Galván, con su indumentaria de piloto de helicóptero.

El veto al padre del teniente Ruiz agravia e indigna a las familias de los fallecidos del SAR

Share this post

Recibieron el dato primero con incredulidad. Lo comprobaron después con estupefacción. Y finalmente se han abierto paso entre ellos la indignación y la tristeza. Familiares de los cuatro militares fallecidos en marzo de 2014 cuando se estrelló en el mar un helicóptero del SAR de Canarias transitan entre el asombro, la pesadumbre y un sentimiento de humillación y agravio tras el veto anónimamente impuesto al padre del teniente Ruiz Galván, Sebastián Ruiz Benitez, al que este martes se impidió la entrada a un homenaje a los rescatadores del cadáver de su hijo. Sucedió en Sevilla, ante las puertas de un edificio militar, la Capitanía General. Dentro estaba el ministro de Defensa, Pedro Morenés. Fuera, solo y en medio de la plaza, Sebastián Ruiz, que intentó sin éxito durante días salvar el escollo de no disponer de invitación para saludar en persona a los buzos de la Armada que sacaron del océano los restos de su hijo. No le dejaron entrar. Cuando acaban de cumplirse dos años después de la tragedia, el gesto ha caído como una bomba entre las familias de los fallecidos. “Sabe Dios porqué les molestamos tanto a quienes desde el sillón del poder son incapaces de hacer empatía”,  ha escrito Josefina Valiño Lezameta, madre del capitán Daniel Pena Valiño, muerto en el accidente.

Josefina Valiño y Sebastián Ruiz no son para el Ministerio de Defensa ni para España unos padres cualquiera. Muy pocos días después del accidente que se llevó por delante la juventud y el futuro de sus hijos, ella se sobrepuso a la intensidad de su dolor para encabezar una recogida de firmas y exigir desde Change.org que Defensa sacara a las cuatro víctimas del fondo del Atlántico, adonde se precipitó el helicóptero el 19 de marzo de 2014 durante una maniobra de rescate nocturno a 37 millas náuticas de Gran Canaria. En paralelo, Sebastián Ruiz no solo emplazaba a Defensa a la obligada recuperación de los cuatro militares fallecidos. También empezó muy pronto a preguntarse públicamente por la responsabilidad directa de los altos mandos en la secuencia de hechos que se sucedieron antes, durante y después de la tragedia.

Daniel Pena Valiño, Carmen Ortega Cortés, Sebastián Ruiz Galván y Carlos Caramanzana Álvarez.

Daniel Pena Valiño, Carmen Ortega Cortés, Sebastián Ruiz Galván y Carlos Caramanzana Álvarez.

Ambos se alegraron hace semanas al conocer por las redes sociales que personas que habían participado en el rescate de aquellos primeros accidentados iban a ser reconocidos con el premio Sabino Fernández Campo, cuya entrega se produciría este martes 29 de marzo en un acto organizado conjuntamente por ABC y el banco BBVA en un edificio del Ministerio de Defensa: la Capitanía General de Sevilla. El premio se concedía específicamente no por el primer rescate, sino por la recuperación del mar de los tres militares que murieron el 22 de octubre de 2015 cuando un segundo helicóptero del SAR de Canarias cayó al océano frente a las costas de Marruecos. Un segundo accidente del 802 escuadrón en 19 meses que esta vez segó la vida del único superviviente del primer siniestro, el sargento Jhonander Ojeda Alemán.

El sargento Jhonander Ojeda, junto al helicóptero siniestrado en octubre de 2015

El sargento Jhonander Ojeda Alemán, junto al helicóptero siniestrado en octubre de 2015.

El premio iba a ser recogido por representantes del 802 escuadrón del SAR de Canarias y por los buzos de la Armada que se jugaron la vida para sacar desde 40 metros de profundidad los cuerpos de Jhonander Ojeda, el capitán José Morales Rodríguez y el teniente Saúl López Quesada. Un cuerpo de buceadores que en 2014, en aquella ocasión sin reconocimiento público alguno, ya había tenido un importantísimo y complejo papel en la recuperación de los cuerpos del primer accidente. Cuando un brazo robótico sacó desde 2.360 metros de profundidad el primer helicóptero siniestrado, entonces ya muy dañado tras permanecer un mes en el fondo del océano, estos buzos lograron recuperar y retener dos de los cuatro cuerpos de los militares fallecidos en aquella terrible tragedia. Otros dos se quedaron para siempre en el océano.

Cuando supo que el premio se iba a entregar en Sevilla, el padre del teniente Ruiz pensó en la idea de poder dar al fin las gracias a los buzos que habían rescatado el cuerpo de su hijo y contribuir a que se cumpliera al menos su deseo de que el joven teniente pudiera descansar para siempre en el camposanto de Chiclana, Cádiz, donde vive su familia. Sebastián Ruiz Benítez sabe muy bien cuánto se jugaron aquellos buzos aquella mañana de abril de 2014 en medio de un océano embravecido: al extraer los restos del helicóptero del océano, un golpe de mar lo hizo chocar contra el casco del barco, la cabina sufrió otra fractura y uno de los cuerpos se deslizó y cayó al agua. En medio del oleaje y casi a la desesperada, los buzos de la Armada lograron asirlo y subirlo al barco. Tuvieron que sortear las olas, pero también la caída de otro trozo de fuselaje que en ese momento se desprendió y se precipitó al agua, para volver a hundirse en el océano.

Tumba donde descansan los restos del teniente Ruiz Galván en Chiclana.

Tumba donde descansan los restos del teniente Ruiz Galván en Chiclana.

Este martes, Sebastián Ruiz solo quería entrar en el homenaje y decir “gracias” a quienes hicieron posible que él al menos pueda en sus momentos de abatimiento ir a colocar flores ante la tumba donde reposan los restos de su hijo. Sorprendentemente, ninguna familia, ni del primer ni del segundo accidente del SAR Canarias, había sido invitada al acto donde se iba a rendir tributo a los rescatadores de los fallecidos. La crónica publicada este martes por eldiario.es de Andalucía relata que en el auditorio había al menos 50 sillas vacías. Pero nadie, ni los organizadores, ni el Ministerio de Defensa, que aportaba la sede del acto, se había ocupado de invitar a las familias de los rescatadores muertos. Siete militares del SAR cuyo trabajo consistía en salvar la vida de otros.

Sebastián, con su tesón característico, inició desde dos semanas antes algunas gestiones para poder asistir al acto, desde el convencimiento de que nadie pondría reparos a que a la Capitanía General de Sevilla, para más inri un edificio público, pudieran entrar familiares de los fallecidos. No fue así. Su deseo chocó con un muro de rechazo frontal y el padre del teniente Ruiz solo cosechó un ‘no’ tras otro. Quienes trataron de ayudarle, incluso desde dentro del Ejército del Aire, no daban crédito. El hombre lo intentó hasta el último minuto y el martes por la tarde condujo su coche los 90 minutos que separan Chiclana de Sevilla. Lo único que consiguió fue quedarse literalmente vetado en la puerta. Su rostro de tristeza lo dice todo en el vídeo que publicó eldiario.es Andalucía.

La tristeza fue en la noche de este martes contagiosa entre los familiares y amigos de los militares fallecidos. Este miércoles se convirtió en indignación y cristalizó en las palabras de Josefina Valiño: “Por qué un acto hermoso donde se premia la labor de unas personas valientes, entregadas sin condiciones a su trabajo, se ve ensombrecido por algo tan absurdo como denegar la entrada al acto a un padre que solo quería reconocer y abrazar a quien le había devuelto el cuerpo de su hijo muerto en aguas canarias el 19 de marzo de 2014. Compañero y perteneciente también al 802 Escuadrón. ¿Acaso tiene sentido que se agravie a un familiar de un fallecido cuando se honra a los que han intentado salvarlos? No es la institución militar, no es el Ejército del Aire. Siempre responde a un pequeño grupo de personas que desde el sillón del poder son incapaces de hacer empatía. ¡O sabe Dios porqué les molestamos tanto!”.

La primera tragedia del SAR que le costó la vida al capitán Pena Valiño y al teniente Ruiz Galván también se llevó a los tenientes Carmen Ortega y Carlos Caramanzana Álvarez. Los cuatro murieron cuando el helicóptero en que hacían un difícil entrenamiento nocturno se estrelló, segundos después de quedarse en medio del mar completamente a oscuras por un fallo en el sistema de lanzamiento de bengalas de iluminación desde el avión de apoyo que les acompañaba en la maniobra.

En el momento en que se produjo este primer accidente del SAR era jefe del Mando Aéreo de Canarias Javier Salto Martínez-Avial, entonces general de división. Cuando se registró la segunda tragedia del SAR, Salto ya había sido ascendido a teniente general y se había convertido en director del gabinete técnico del ministro de Defensa. En la práctica, número dos del Ejército del Aire y brazo derecho del ministro Morenés.

Más información sobre el Caso SAR 2015

Más información sobre el Caso SAR 2014

 

 

Share this post

No comments

Add yours