Érase un jardín y unas torres ¿fantasmas?

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Texto: Teresa Cárdenes (@teresacárdenes)

No es que el mundo vaya a pararse dependiendo de que AENA quiera cambiar (o no) el modelo de gestión de las torres de control aéreo cuya gestión fue externalizada a favor de Ferronats y Saerco durante el mandato del socialista José Blanco. Pero, más que nada para no navegar en los territorios del surrealismo, estaría bien que Ignacio González, director de Navegación Aérea (Ministerio de Fomento, negociado grupo AENA), aclarara despacito y con buena letra qué quiso decir exactamente cuando el viernes 23 de mayo se dirigió a los controladores aéreos que asistían a la clausura del congreso de USCA en Castelldefels, Barcelona.

Meterse en un jardín es lo que ocurre (a veces) cuando una persona, generalmente un político o asimilado, comenta cosas ante un auditorio en el convencimiento de que nada de lo que diga traspasará las cuatro paredes del recinto que le acoge y luego resulta que sí que sale y que ha pisado un charco. Pisar un charco es una cosa peliaguda. Sobre todo si eres político y das lugar a que la gente piense que te vas a cargar la gestión externalizada de una cosa (vulgo privatización), cancelando de un plumazo los derechos adquiridos por un tercero, que te puede meter un buen paquete por la vía de reclamarte las oportunas indemnizaciones. Cosa que en este país llamado España puede ocurrir incluso en el caso de que el paquete fuera en realidad el que decidió la dichosa externalización. Aunque también puede meterse uno en un jardín si dice lo que dice y luego se asusta. En este segundo caso, el ataque de pánico puede aparecer súbitamente ante los efectos reales pero no calculados de lo que se dijo, o bien porque el interesado cree que los titulares no dicen lo que él cree que dijo, sino lo que otro interpretó de lo que él dijo o de lo que quería decir, pero nunca dijo o dijo de otra manera. No sé si me explico…

Veamos. Si alguien pronuncia la frase “tenemos que recuperarlas para que vuelvan a estar nuevamente en Navegación Aérea” en alusión a unas torres de control cuya gestión se ha externalizado, no caben demasiadas interpretaciones. Y si tú eres director, qué se yo, de Navegación Aérea y dices eso, lógicamente todo el mundo va a pensar que estás hablando de pegar un frenazo y meter la marcha atrás con las cosas de Pepiño. En especial si los que te escuchan son del gremio de los controladores aéreos, a los que suponemos avezados en la interpretación del castellano común, y más aún si la frase no parece sacada de un manual de criptografía ni va acompañada de una gran prosopopeya, sino que resulta incluso hasta simple en su expresión. Claro que, por contemplar todas las hipótesis, también es posible que el auditorio esté poseído de una maldad intrínseca que le lleve a manipular groseramente el uso de las comillas para que todos supongamos la presencia de un agente ‘anti-Pepiño’ allí donde en realidad habita un obediente ejecutor ad infinitum de la herencia recibida. Ay, la herencia. E incluso, a mayor complicación, que pulule por allí algún periodista y ya se acabe de liar parda.

Total, que como es sábado, hace sol y día de playa, hay partido en Lisboa y no está la cosa para mucho pensar, sería interesante que de aquí al lunes alguien razonara alguna explicación mínimamente sostenible sobre estos extraños episodios de las torres que iban a hacer un viaje ¿fantasma? desde la privatización hacia lo público. Además, para entonces ya estaremos todos muuuuuuucho más tranquilos sabiendo que (presumiblemente) Pepiño comparte hemiciclo con Cañete (jatetú…) y no hay riesgo inminente de que alguien le ponga fecha de caducidad a las torres de control o externalice los yogures.

Y ahora, camarero, tenga la bondad y sirva usted un brandy, que no sé si podré soportar tanta incógnita…

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