Mapa de búsqueda. Fuente: Ministerio de Defensa

Helicóptero SAR: muchas preguntas y ninguna respuesta 72 horas después

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@teresacardenes

Muchas preguntas y ni una sola respuesta. Este es el único balance cuando se cumplen a las 15:05 horas de este domingo 72 horas desde la caída o amerizaje de un helicóptero del SAR a 280 millas de Gran Canaria y la posterior desaparición de los tres militares que iban a bordo de la aeronave accidentada. La primera y más angustiosa pregunta tiene que ver con el paradero de los tres infortunados militares, los dos pilotos y el sargento que iban a bordo, este último el único superviviente de la tragedia que ya vivió el SAR hace solo 19 meses con un balance de 4 militares muertos. La segunda, vital para poder responder la anterior, con la estrategia seguida y los medios desplegados por el Ministerio de Defensa desde el momento en que tuvo constancia de que algo no iba bien con el helicóptero que debía aterrizar a las 16:45 horas del jueves 22 de octubre en la Base Aérea de Gando, a la que nunca llegó tras despegar de Noahdibou (Mauritania) procedente de Senegal.

El Ministerio de Defensa acaba de hacer pública este domingo una nueva nota con los datos del día sobre el rastreo para la localización del helicóptero. Significativamente, el primer párrafo de esta comunicación subraya que los trabajos continúan “en todas las aéreas posibles y con todas las hipótesis abiertas”. Esta puntualización busca aparentemente dar respuesta a la irritación y las sospechas crecientes entre familiares de los militares desaparecidos de que el Ministerio de Defensa está lejos de contarles toda la verdad, y nada más que la verdad, sobre lo que sabe, mucho o poco, acerca del helicóptero y sus desafortunados tripulantes. Y en particular, al convencimiento de algunos familiares de que tras la desaparición de los militares puede haber alguna iniciativa deliberada de retenerlos u ocultarlos tras su hallazgo, fortuito o no, en el mar. Es decir, un supuesto secuestro a cargo del presunto pesquero que supuestamente recogió con vida a los tres militares del mar.

Presunto y supuesto porque, como es sabido, el pesquero se borró literalmente del mapa según el Ministerio de Defensa español activó el jueves las fanfarrias en Twitter para dar por rescatados a los militares y situarlos sanos y salvo a bordo de una supuesta patrullera de la que igualmente nunca más se supo. A este respecto, mucho tendrá que contestar todavía el ministro Pedro Morenés. Para empezar, qué grado de responsabilidad guardan quienes desde el Gobierno de España, empezando por él, se limitaron en la noche del jueves a suspender durante horas la búsqueda sin tener ni una sola prueba fehaciente de que los militares estaban realmente a salvo. Ni una. Porque (y al mismo testimonio de Morenés en su singular rueda de prensa del viernes, ver aquí el vídeo, nos remitimos), ¿qué clase de prueba fehaciente constituyen un fax de la Gendarmería marroquí a la Guardia Civil de España y una llamada telefónica, la que dice Morenés que hizo acto seguido a su homólogo marroquí antes de irse tan contento a dormir?

La respuesta es esencial porque de ella ha podido depender nada más ni nada menos que el acortamiento de las posibilidades de supervivencia de los tres militares si, en lugar de refugiados en un pesquero, continuaban a la deriva en una balsa en medio de la noche a mar abierto y abandonados a su suerte en medio de la perversa meteorología que ha rodeado estos días al archipiélago canario.

Pero las preguntas son muchas más. Dice Defensa que trabaja con todas las hipótesis abiertas. En tal caso, sería una de ellas obviamente la posibilidad de que los militares hubieran amerizado por un problema técnico a bordo y que hubieran podido desplegar a continuación la balsa salvavidas y ponerse a salvo en ella. Morenés dio por hecho el viernes que esto tuvo que ser así y que al menos alguno de los tres tripulantes tuvo que sobrevivir para poder activar manualmente los dispositivos de alerta y socorro que supuestamente se activaron y que creyeron ver varios de los pilotos que sobrevolaron la zona, entre ellas la propia balsa y varias bengalas.

Pero entonces, si no hubo ningún pesquero ni ninguna patrullera y nadie recogió a los náufragos, ¿cómo es que no se ha reforzado el rastreo aéreo de toda la zona? Al respecto, es necesario remitirse a los medios integrados en el supuesto despliegue que Defensa dice haber hecho para buscar a los tres militares por mar y aire. Defensa se mueve estos días deliberadamente en el territorio de la confusión para hacer creer a la opinión pública que está tirando la casa por la ventana en busca de los tres militares. Pero lo cierto es que de su propia nota de prensa del sábado, lo único que es posible colegir es que solo un avión español, un CS235 Delta 4, estaba rastreando por aire la zona del accidente, con el soporte de otro avión del Ejército marroquí. ¿Un solo avión español? ¿En serio es eso un despliegue?

A la propia nota hay que remitirse: el sábado hay dos aviones CS235, pero uno de ellos se dedica exclusivamente al traslado de personal y en concreto del juez togado militar y los miembros de la Comisión de Investigación Técnica de Accidentes de Aeronaves Militares (CITAAM) desplazados el sábado a Dakla. Lo que obviamente deja el rastreo en una única unidad. La tercera unidad aérea es un único helicóptero del SAR, pero éste (de acuerdo con la propia nota de Defensa) tampoco está volando, sino situado en espera en Dakla por si hay que dar apoyo a los militares que intervienen en la zona de búsqueda en el mar. Un único avión en búsqueda aérea. Salvo que Morenés y su brazo derecho, el general Salto, bien conocido en Canarias por su nefasto protagonismo en la crisis de la tragedia del SAR de marzo de 2014, quiera que alguien se crea que otro avión C295 y seis F-18 en situación de alerta en la Base Aérea de Gando (es decir, en tierra) constituyan despliegue efectivo alguno.

¿Y hoy, cuando se cumplen 72 horas de la desaparición de los militares? ¿Ha mejorado la búsqueda aérea? No es fácil de colegir de la última comunicación oficial. Defensa sube hoy a 5 unidades (un avión y dos helicópteros españoles, más un avión y otro helicóptero marroquíes) las activadas para la búsqueda. Pero la expresión literal que usa la nota es “se turnan para patrullar una amplia zona marítima en busca de cualquier indicio en superficie”. ¿Quiere esto decir que hoy Defensa ha elevado el nivel e intensidad de búsqueda? Porque si la respuesta es afirmativa, la siguiente pregunta es por qué no lo hizo el sábado y no un día después y si es que España aumenta el dispositivo de búsqueda en proporción inversamente proporcional a las posibilidades de supervivencia que tendrían tres náufragos a la deriva, si ésta fuera la desesperada situación de los militares.

En cuanto al despliegue de medios marítimos, tiempo habrá de preguntarle a Morenés cuál es la causa de que, a diferencia de lo ocurrido en marzo de 2014, cuando ya se sabía que el helicóptero siniestrado estaba a 2.400 metros de profundidad bajo el mar, puso el acento en la búsqueda aérea y no en la marítima, que en realidad no se emprendió hasta casi un mes después del accidente y que no arrojó resultados hasta cuarenta días después. Si, han leído bien, 40 días después. Y cómo es que España dejó literalmente que se hundiera el helicóptero sin intervenir en su interior, porque esta y no otra es la única alucinante conclusión que puede sacarse tras conocer el dato, también aportado por Morenés en su rueda de prensa, de que fue un buque civil holandés el que pasaba por allí y lo retuvo atado mientras pudo hasta que se hundió a una hora indeterminada de la mañana del viernes.

A ver si lo hemos entendido bien, ministro: ¿Defensa no usa medio alguno el jueves para llegar hasta el helicóptero mientras está a flote, pero se moviliza 24 horas después para verificar si hay alguien en su interior cuando ya está hundido y, ítem mas, convierte esta acción en prioritaria sin siquiera saber si hay tres náufragos dramáticamente perdidos en el mar?

Puede que no hayamos entendido nada. O puede que alguien haya bordeado la ineptitud, o la irresponsabilidad o la ineficacia hasta el borde mismo de una gravísima negligencia. Y ojalá quienes pensamos así estemos total y radicalmente equivocados.

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