Islandia mantiene la alerta naranja para la aviación por otro volcán

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Los terremotos se suceden en torno al Bárdarbunga, situado al noreste del cono cuya erupción provocó en 2010 un caos en el espacio aéreo europeo por temor al efecto de sus cenizas en los motores de las aeronaves

 

Las autoridades de Islandia han actualizado este martes la alerta naranja para la aviación ante los signos de erupción que muestra uno de sus volcanes, el Bárdarbunga, a cuyo alrededor se suceden con intensidad movimientos sísmicos que hacen temer una próxima erupción. El aviso naranja es el inmediatamente anterior a la alerta roja por erupción en el código de colores manejado por las autoridades islandesas, adaptado a su vez a las recomendaciones de la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI) para avisar de actividad volcánica potencialmente peligrosa para las aeronaves. En este caso, Islandia mantiene el aviso por el riesgo de una “erupción subglacial explosiva” que pueda lanzar al aire una gigantesca columna de ceniza volcánica, como ya ocurrió en abril de 2010 con una erupción de otro volcán islandés, el Eyjafjallajökull, que generó efectos caóticos tanto en la aviación comercial europea como en los principales destinos turísticos de esta zona del mundo, entre ellos Canarias. El riesgo de columnas de ceniza volcánica ha de advertirse por la capacidad de determinado tipo de materiales volátiles para colapsar o dañar gravemente los motores de los aviones.

Islandia explica que esta situación de alerta se desencadenó desde que el 16 de agosto se observara una actividad de intensidad creciente en el Bárdarbunga, con movimientos magmáticos en curso y signos aparentes de intrusión en diques bajo tierra. Estas evidencias han sido corroboradas mediante mediciones con GPS. El aviso naranja se dictó a las 12:00 horas del lunes después de que se produjera un fuerte terremoto en la madrugada del domingo al lunes y ha sido revalidado este martes, con un aviso expreso de intensa actividad sísmica en el área donde se encuentra situado este volcán. La oficina de información meteorológica de Islandia explica que el crecimiento de la actividad sísmica y de movimientos magmáticos se han detectado tanto en la caldera del Bárdarbunga como en sus alrededores.

El volcán Bárdarbunga, uno de los 32 monitorizados por las autoridades de Islandia, se encuentra situado al noreste del Eyjafjallajökull, que ya sembró el caos en abril de 2010 al entrar en erupción y paralizar los movimientos en una parte de espacio aéreo europeo por el temor al efecto de sus cenizas en los motores de las aeronaves. En aquella ocasión, la nube de cenizas que provocó la erupción del Eyjafjallajökull provocó cierres del espacio aéreo en países cercanos a Islandia, entre ellos Reino Unido, Irlanda, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Holanda, Bélgica y Suecia. El efecto en cadena de aquellos cierres tuvieron un efecto caótico no solo en el mundo de la aviación, sino en las regiones españolas más dependientes del turismo, como Canarias, debido a cancelaciones masivas de vuelos que impidieron llegar a miles de turistas y atraparon a muchos otros que debían regresar aquellos días a sus países de origen.

Ahora, las miradas de la aviación internacional se dirigen hacia el Bárdarbunga, sobre el que se actualizó hoy un aviso naranja, previo al rojo. La alerta naranja se define por un riesgo creciente de actividad del volcán que hace temer una erupción y de hecho las autoridades de Islandia subrayan también hoy que se mantiene una intensa secuencia de terremotos alrededor de este volcán, aunque no hay signos de movimiento de magma en superficie. La alerta roja se precipitaría si las señales van en aumento y se prevé una erupción inminente y lógicamente se mantendría mientras estuviera en curso. En ese caso, el aviso de Islandia se completaría con datos acerca de la presencia de nubes de ceniza que puedan ser potencialmente peligrosas para la aviación, de ahí su sincronización con las recomendaciones de la OACI.

La presencia de cenizas volcánicas de riesgo es objeto de aviso, incluso cuando se dispersan y se hacen invisibles para el ojo humano, por su capacidad para producir efectos muy adversos en los motores de los aviones, incluyendo el de su colapso o el envío de datos erróneos a los tripulantes de las aeronaves.

 

 

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