La luz del sargento Jhonander sobrevuela La Garita

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@teresacardenes

El cariño siempre deja una huella indeleble. Y así lo demostraron en la medianoche de San Juan en la playa de La Garita (Gran Canaria) cientos de personas que quisieron rendir un tributo de luz al sargento Jhonander Ojeda, fallecido en octubre pasado en un helicóptero del SAR que cayó al mar frente a las costas de Marruecos. El mar, la luz y por encima de todo, el cariño de sus familiares, amigos y compañeros del SAR se combinaron en un homenaje a Jhonander bajo su sonrisa fresca y noble, que lució esta noche como nunca desde el gran mural cuya pintura impulsó su padre, Francisco Ojeda, a muy pocos metros de la orilla del mar. La procesión siempre va por dentro y es un durísimo camino de espinas. Pero Paco Ojeda siempre ha intentado que, más allá del dolor, lo que reine sea el recuerdo de su hijo y su sonrisa bondadosa. Lo volvió a conseguir este jueves y en el intento le acompañaron medio millar largo de personas unidas por un objetivo común: que la luz de Jhonander volviera a adueñarse de la playa donde rió, corrió, buceó, nadó y dejó para siempre la huella de su bondad.

Paco Ojeda lo había preparado todo como un pequeño encuentro de amigos para honrar la memoria de su hijo bajo el gran mural que lleva su rostro en La Garita. Pero lo que en principio se había previsto como una cita casi familiar acabó convirtiéndose en una manifestación de cariño a la que decidieron sumarse cientos de personas, en especial al filo de la medianoche del jueves. Desde varias horas antes, familiares, amigos y vecinos de Paco Ojeda se congregaron junto al mural, donde se había previsto un pequeño asadero en el que todo el mundo echaba una mano. Decenas de personas, incluida una rondalla de La Garita que quiso dedicarle algunas canciones a Jhonander, empezaron a desfilar bajo el gran mural donde puede leerse “colecciona momentos, no cosas. Los héroes nunca mueren. En agradecimiento a los que arriesgan su vida desde el cielo. 802 escuadrón”.

Pero el momento más emotivo llegó media hora antes de la medianoche, el momento para el que se había previsto el lanzamiento al cielo de un centenar de farolillos de luz en memoria del sargento. Como es su costumbre, Paco Ojeda lo tenía todo minuciosamente preparado. Para empezar, los permisos que se habían tramitado ante el Ayuntamiento de Telde y ante AENA, dada la proximidad del aeropuerto. El permiso fue concedido, pero a condición de que los organizadores del acto se coordinaran estrechamente con la torre de control del aeropuerto para evitar que el lanzamiento de farolillos pudiera perturbar la maniobra de aproximación de ningún avión.

Así fue. Los controladores de torre indicaron a Ojeda la franja horaria exacta en la que podrían lanzarse los farolillos sin causar ningún riesgo a los dos únicos aviones que tenían previsto aterrizar poco antes o poco después de la medianoche, el primero sobre las 23:45 horas y el segundo, unos veinte minutos después.

Desde un buen rato antes, Ojeda y otros familiares de Jhonander repartieron decenas de farolillos y una multitud se desplazó a la orilla del mar ansiosa por verlos elevarse hacia el cielo. El viento tampoco quiso perderse el homenaje a Jhonander y complicó durante un rato el despegue de los farolillos, al plegar los globos de papel y dificultar su vuelo. Pero la brisa no pudo con el entusiasmo y la tenacidad de aquella manifestación espontánea de cariño: los farolillos lucieron en tierra y también lograron emprender el vuelo uno a uno. Fue hermoso verlos suspendidos sobre el mar, señalando sobre las aguas la misma estela de luz que han dejado en tierra Jhonander y sus otros compañeros del SAR que marcharon con él. De alguna manera, todos estaban allí. Jhonander, Dani, Sebas, Carmen, Carlos, Saúl, José…

Iluminando las risas de quienes junto al mar quisieron honrar su memoria en la medianoche de la víspera de San Juan.

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