Manolo García. Fotografía distribuida por MoMa Producciones a través de  Apiedepágina Comunicación

Manolo García: “Quiero que me borren de la Wikipedia, pero no me quitan, y estoy hasta los cojones de YouTube”

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El artista llega a Canarias con dos conciertos del tour ‘Todo es ahora’: 30 de junio en Tenerife y 2 de julio en Gran Canaria

 

@teresacardenes

Manolo Garcia llega este fin de semana a Canarias con sendos conciertos en Tenerife (Pabellón Santiago Martín, 30 de junio) y Gran Canaria (parque de San Juan de Telde, 2 de julio) dentro del tour ‘Todo es ahora’. Su llegada a Canarias se produce después de haber colgado el cartel de ‘todo vendido’ en plazas tan difíciles como el Barclays Center de Madrid. En una entrevista con esta web, el artista anuncia un concierto “con cartas muy repartidas” que incluye canciones de su último disco, Todo es ahora, pero también muchos de los iconos de su carrera, como Pájaros de barro, Nunca el tiempo es perdido, Prefiero el trapecio, Un giro teatral y una de las joyas de El Último de la Fila que bien podría ser el himno de toda una filosofía en estos tiempos revueltos en España, Insurrección.

“Me gusta siempre hacer un repaso, no me apetece dedicarme exclusivamente al nuevo disco. Siempre hay interés por canciones más antiguas, no solo por lo último. Me apetece un poco de todo y me siento cómodo”. Algo habrá también del legado musical de El Último de la Fila, la banda que compartía com Quimi Portet. “Algo, pero menos, por una cosa obvia. Yo fui la mitad de ese grupo y no puedo tener la desfachatez de acudir interpretando una parte del concierto como El Último de la Fila, pero siempre hay dos o tres canciones en un repertorio de veintitantas, pinceladas que la gente agradece. Pero lo que nunca voy a hacer es tomar un papel de protagonismo que no es mío de una banda que ya no existe”.

La pregunta es inevitable. Una de esas canciones eternas y absolutamente icónicas de aquella banda es Insurrección. Pero, ¿siente Manolo García que Insurrección podría ser ahora una expresión de todo lo que vive España desde el inicio de la crisis? El artista lo admite, pero solo en parte. “Insurrección es un título que revela un sentir, pero esa canción está hecha hace treinta años. El poder, desde la prehistoria, consiste en encumbrar a alguien, pero siempre que encumbras a alguien puede acabar defraudándonos. La vida es así y por eso ese título está vigente siempre. La historia está llena de insurrecciones y de gente que se cansa y se harta de que la pisoteen. Y la gente se levanta. Insurrección es solo el título de una canción. Pero es verdad que siempre he tenido esa sensación de que las personas que mandan suelen ser prepotentes y mentirosas, aunque no lo sean todas. Los tiempos que corren no son una novedad en el planeta tierra, siempre ha habido situaciones calamitosas porque eso está en la esencia del ser humano”.

Manolo García prefiere hablar de música que de política, pero tampoco escurre el bulto si se le pide un análisis de la situación social en España. “La gente tiene todo el derecho del mundo a levantarse y a hacer su 15M en cada ciudad, en cada barrio. Hay un ejemplo que atañe a los canarios, frente a esas medidas que han ido coartando y pisoteando el tema de las energías limpias. El cambio climático es un asunto vital y los gobiernos se dedican a poner palos en las ruedas. Pero frente a eso, una isla como El Hierro da un ejemplo de autonomía”.

Se refiere el cantante al sistema de autoabastecimiento diseñado en El Hierro cuyo objetivo final es la total autosuficiencia energética a partir de energías limpias. “Tengo ganas de visitar la isla y de conocer lo que han hecho. Creo que es una forma de insurrección incruenta y pacifista, yendo a la suya, a generar energía sin contaminar. Hay maneras de insurreccionarse y yo en mi letra, cuando escribí esa canción, sí que tenía latente esa sensación”.

En el curso de esta entrevista, realizada antes de las elecciones del 26 de junio, Manolo García ya advertía que “los partidos al uso nos han engañado demasiadas veces”. Pero uno de sus reproches más duros a la política tiene que ver con el tratamiento a la cultura. “El poder no está interesado en que la gente sea libre y tenga esperanza. La cultura en general son puertas hacia la luz y en general el que manda está interesado en tener a la gente bajo la bota del miedo, de la precariedad. Es así, aunque tengan otro discurso”.

Es inevitable que en su respuesta esté presente el rechazo al 21% de IVA que se carga en España a la cultura. Al cantante no le cabe en la cabeza que “en otros países de Europa que funcionan mejor se cargue a la cultura un 6%, aquí un 21%. Es un castigo y la pena es que no sepamos rebelarnos e insurreccionarnos. Igual que me da pena cuando se privatizan servicios más básicos con el dinero que nosotros les damos. La sanidad, la enseñanza, ¿por qué ha de ser mala? ¿Por qué asumimos eso o que se recorten hospitales? ¡Que se recorten lo sueldos ellos? ¿Por qué no hay más ambulancias en zonas rurales? ¡Que se bajen el sueldo ellos, con menos comidas, menos rotondas, menos obras públicas disparatadas…!”

En este panorama, “la cultura es una piedra más en su zapato, para ellos es una molestia. Cuando hay miles de familias en paro, la pena es que las personas estén enfrentadas al dilema del hambre y la precariedad. Yo no me quejo, me indigno. Pero las personas que están en el mundo de la cultura son importantes, como los maestros, los médicos, forman parte del núcleo central de la sociedad, porque la cultura es una medicina espiritual. Yo lo creo así”.

¿Se siente Manolo García parte de esa cultura deliberadamente arrinconada por el poder? Su respuesta no puede ser más elocuente: “Cuando ofrecen en televisión la retransmisión de los premios Goya, no entiendo cómo es que no le preguntan al ministro de Cultura “¿qué hace usted ahí?”. Yo le diría: abandone la sala. Pero, ¿por qué le sonríen o le dedican un chiste tonto? Pero, señor, ¡usted nos está matando!, tenga por lo menos el pundonor de irse un poco lejos, ¿qué hace usted ahí?”.

La música fue una de las actividades que más pronto sufrieron, hace ya dos décadas, el impacto de internet y el síndrome de la gratuidad golpeó y desintegró la industria tal y como estaba concebida. En este contexto, ¿cree Manolo García que la única alternativa es un modelo basado principalmente en la producción de conciertos? Su respuesta es igualmente demoledora: las probabilidades de supervivencia y de verdadera y justa retribución del trabajo del artista es proporcional a la decencia de los promotores. Cuanta menos decencia, más pingües negocios en los que el peor parado suele ser el artista.

“En Inglaterra, cuando la Reina nombra lores a algunos artistas es porque la música genera muchas divisas, porque da trabajo a muchísimas familias que viven de eso. Pero con internet, llega un punto parecido a cuando mi abuelo iba a segar con cien hombres al campo y de repente le dicen: ‘no vais a volver más porque se inventó la segadora, que funciona con un solo hombre. Y el resto para casa’. Pues con la música ha pasado lo mismo. Esa industria de la felicidad, que daba empleo, se ha convertido en la prebenda de cuatro en todo el planeta que se lo llevan todo de una manera ilegal. Internet no es otra cosa que más opio para el pueblo”.

En el imperio internet, “la música queda en manos de cuatro que la manejan y que hacen que todo el dinero que genera se quede en sus manos y encima los gobiernos apoyan eso, las plataformas digitales y las telefónicas del mundo. Es una jugada maestra, pero muy cabrona, porque ha dejado sin trabajo a muchísima gente”. En este contexto, “la industria de la música está haciendo lo que puede. Pero estamos en un sálvese quien pueda. Y no tengo ni idea de qué intrincados asuntos hay debajo de Spotify, o de iTunes, un galimatías, un mar muy turbio donde el artista está muy desprotegido. Y además se produce la música con peor calidad de la historia, porque el artista se tira meses en un estudio intentando hacer unos sonidos y un disco magníficos, y al final eso se comprime y se oye en un aparato que no tiene nada que ver por ejemplo con el vinilo, que se acercaba lo más fielmente posible a la grabación, en eso hemos ido hacia atrás”.

Y entonces llegamos al asunto de las redes sociales, un universo donde Manolo García nada contracorriente en un océano en el que ni siquiera tiene perfiles oficiales: “No voy a criticar a quien está metido en las redes, pero sí que puedo constatar que nos hace más solitarios, vacía nuestras vidas y nos aleja del sol, de la lluvia, del mar, del aire fresco, de una conversación en un bar, de una cerveza con un amigo, de una tarde de deambular o haraganear paseando por una ciudad…”

En este contexto, Manolo García mantiene su particular batalla ante internet, alguna de ellas absolutamente pírrica, como el intento hasta ahora infructuoso de exigir que lo borren de la Wikipedia. “Nadie me ha pedido permiso para meterme en la Wikipedia y no quiero estar en YouTube, estoy hasta los cojones de YouTube. Ahí hay miles de vídeos de El Último de la Fila, pero nadie nos ha pedido permiso. Alguien debería mandar una carta o llamarme por teléfono, pero nadie lo hace y se da por hecho que estar ahí es estupendo. ¿Estupendo para quién? Para ellos. Porque para mí lo sería por ejemplo estar en Fuerteventura. Pero nadie nos pregunta”.

La conversación se remata con una reflexión sobre la crisis y sus efectos en España. “Yo me pregunto de qué nos han servido siglos de civilización judeo cristiana, dónde está la compasión, la fe, la piedad… No hablo de fe en dios, sino en el género humano. Hay que ser leales, en el mundo en general. En España veo la precariedad laboral y es horrible: unos pocos trabajan mucho, apretados, con contratos de mierda, acojonados para que no los echen, y fuera hay otros como ellos esperando que los de dentro caigan para tener los mismos contratos de mierda. Y todo esto es monstruoso… Por favor, un poco de sentido común, esto tiene que cambiar, no podemos pasar la vida siempre angustiados. Y por si fuera poco alargan la edad de jubilación. ¿Cómo que hay que trabajar tres años más? ¡Coño, que trabaje más el ministro!”

 

 

(Pincha aquí si quieres leer la crónica del concierto: Maratón de adrenalina con Manolo García en Telde)

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2 comments

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  1. Lilian 3 julio, 2016 at 23:27 Responder

    Me alegro de leer tus palabras, no te lo tomes a mal, creo que cada uno busca su manera de conectar… Yo sigo a Manolo desde su primera etapa y youtube es tan válida como otras. Lo he seguido en varios conciertos y es impresionante ver las diferentes generaciones que hay en un concierto. En su ultimo concierto de la gira Todo es ahora, al lado mío había una pareja que rondaría los sesenta y pico años. Pero ver luego a gente de veintipico años es otra maravilla que sólo consigue los grandes. Mi hija lo conoce por la de tantas veces escuchadas en el coche y por los vídeos de youtube, guste o no, hay cosas que vienen y se quedan y mejor aceptarlas y ponerlas a nuestro favor. Pero para opiniones colores….

  2. A 3 julio, 2016 at 00:00 Responder

    ¿Y a dónde escribirte o llamarte? 🙁
    Yo he colgado algún vídeo con la intención de compartir, no de hacerte daño. Muchas veces no podemos salir de nuestro entorno y lo que nos desahoga es la capacidad de crear comunidades en internet. Comunidades de gente que vive a miles de kilómetros y que comparte un mismo sentimiento.
    Pero tienes razón, no es lo mismo usar internet que vivir para internet.
    Personalmente, tengo apenas 20 y pocos años, y si no hubiera visto vídeos tuyos a través de YouTube, jamás podría haberte llegado a ver. No podría haberme emocionado por tu etapa en El Último de la Fila. No podría haber escuchado tus directos. Aunque yo no los hubiera vivido, verlos en esa plataforma me teletransportó a esos instantes. No es justo que arremetas tan fuerte contra YouTube, porque sin ello, no habría sentido la mitad de lo que me has hecho sentir, porque no habría llegado a conocerte bien.
    Quizás no te importo, pero tú a mí sí mucho, y por eso me encanta entrar en YouTube y ver la pasión y el sentimiento que pones cantando, ver tu juventud y la fuerza que tenías, quedando vivas eternamente.
    Dices que no diste tu permiso, pero tampoco es como si todos nosotros tuviéramos acceso a hablar contigo.
    Lamento si te hemos hecho daño, pero entre nosotros nos hemos ayudado.
    Y aunque nunca leas estas palabras, dedicadas a ti están.
    Un saludo…

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