Mar y montaña se casaron y nació Igueste

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Las risas de los niños y de los surferos se mezclan en este pequeño caserío con un paisaje de impresión junto al mar del que salen varios senderos que se internan en el macizo de Anaga, en Tenerife

 

Texto: Rosa Cárdenes (@rosacardenesd)

Fotos: Estrella Muti (@estrellamuti)

 

Nada más llegar al caserío, los pequeños guardianes se dejan oír y sus ladridos se entremezclan con los divertidos gritos de los surferos que cogen olas allá abajo. Poco más se oye en una mañana cualquiera en Igueste de San Andrés, un tranquilo y pequeño rincón costero situado en uno de los valles del macizo de Anaga en Tenerife.

Una curva aquí, otra curva allá y el saludo del conductor al caminante que encuentra en la carretera hacen más ameno, si cabe, el sinuoso viaje en la guagua 945 de Titsa hasta este pueblo costero del distrito de Anaga, en Santa Cruz de Tenerife. Sea en coche o sea en guagua, al llegar el viajero sabrá por sus vistas que está en un paraje muy singular.

El visitante encontrará un caserío agrícola situado en un valle con un paisaje de impresión frente al mar, donde abundan los árboles frutales, especialmente mangos y aguacateros; blancas viviendas, algunas de ellas con adornos alegóricos a la pesca, y perros en sus azoteas. Igueste es un sitio ideal para desconectar por unos días y cuenta con alguna casa rural donde se ofrece alojamiento a turistas.

Al final del barranco que lleva el mismo nombre del pueblo se encuentra una de las tres playas de Igueste, zona de baño para los más osados por sus fuertes corrientes y querida por los amantes del surf. Unas barcas en tierra recuerdan el carácter de este núcleo del litoral de Anaga.

Si el viajero que recorre el barrio escucha voces infantiles sabrá que ha llegado la hora del recreo, pues aunque el número de escolares es reducido, al fin y al cabo son niños. En el colegio de Igueste cursan sus estudios apenas 9 niños y niñas, aunque quizás aumente este número a 11 el próximo curso escolar, dice José Antonio López Picardo, profesor y director del centro, que también hace las veces de portero y secretario.

El hecho de que sea reducido el número de alumnos “permite una educación más individualizada”, dice este maestro, que desde 2005 imparte clases a unos niños “muy sanotes y tranquilos”. López se ocupa de la mayoría de las asignaturas, incluso el inglés, y una vez a la semana acuden al colegio profesores itinerantes del CER (Colectivo de Escuelas Rurales) de Anaga para impartir las clases de educación física y música a los escolares de este pueblo de Santa Cruz.

Un pueblo desde el que se puede acceder a los senderos de Anaga: una placa de la Federación Tinerfeña de Montañismo, en la plaza de San Pedro, recuerda desde hace años que Igueste ha estado relacionada con el senderismo. Conocido es el sendero que lleva al caminante hasta el llamado semáforo, una atalaya hoy en ruinas desde la que se daba aviso a Santa Cruz de la llegada de los barcos. Debe saber el senderista que éste es un recorrido de ida y vuelta, y es más que probable que coincida con turistas provistos de bastones de senderismo y con algún intrépido corredor que utiliza este camino para su entrenamiento.

Igueste se encuentra en un bello paraje y en general es un barrio limpio. Sin embargo, en algunos rincones de sus calles empinadas se oxidan restos de algún electrodoméstico que afean el paisaje. Afectado por el nuevo deslinde de la Ley de Costas, en Igueste de San Andrés existe una vieja reclamación de los vecinos para que sea reconocido como asentamiento urbano. Mientras tanto y ajeno a todo ello, el visitante puede disfrutar en este pueblo cercano a la capital y de su encanto.

 

 

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