Sillas rotas o sin ruedas para los controladores de Madrid

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CSIF AENA denuncia el mal estado de las sillas en la torre de control de la T4 y advierte que ya se han caído dos trabajadoras mientras la burocracia pelotea el caso de un departamento a otro

Sillas viejas, incómodas, con el respaldo roto o que han perdido alguna rueda… Así son según el sindicato CSIF AENA muchas de las sillas que están en el fanal de la torre de control de la T4, donde a juzgar por la denuncia sindical, el glamour futurista de la gran terminal del aeropuerto Adolfo Suárez-Madrid Barajas no alcanza ni de lejos los asientos que usan los controladores aéreos de torre. El sindicato asegura que ya cursó hace tres años una queja para pedir la reposición de sillas a la que accedió el entonces director del aeropuerto, pero que la petición naufragó después en el peloteo burocrático entre departamentos. El relato sindical parecería casi una cómica escena de los hermanos Marx, de no ser porque, según CSIF AENA, dos trabajadoras ya se han caído como consecuencia del mal estado de las sillas.

Según los datos aportados por el sindicato, su petición de hace tres años sobre las sillas rebotó sucesivamente entre distintos departamentos, entre los que cita recursos humanos, prevención de riesgos laborales y servicios generales, que fueron peloteando la petición sucesivamente para derivarla a Navegación Aérea. Según la misma fuente, el enredo se complicó aún más después de la reestructuración de la antigua AENA, debido a la privatización parcial de la división de aeropuertos y el nacimiento de Enaire como gestor de navegación aérea, un proceso que incluyó la separación e inventario por una parte o por otra de todos los activos, incluidas las polémicas sillas. Por una cuestión o por otra, el caso es que pasaron tres años sin que, según el sindicato, se atendiera su petición de reponer las sillas.

Ahora, CSIF AENA se propone volver a cursar una nueva solicitud para reclamar la reposición de las sillas y la sustitución de aquellos elementos que no tengan la estructura ergonómica adecuada para los trabajadores que han de utilizarlos, en este caso controladores aéreos que obviamente no pueden permitirse ningún despiste por un respaldo que se atasca o una silla que puede lanzarlos al suelo si le falta alguna rueda. De momento, CSIF ha divulgado unas fotografías muy elocuentes donde se aprecia el amontonamiento de sillas donde los propios trabajadores han señalizado las averiadas por el primario método de adherirles folios manuscritos donde pueden leerse cosas como ‘respaldo roto’ o ‘falta una rueda’. CSIF subraya al respecto que cien controladores dependientes de Enaire prestan servicio en la torre de control a la que hace referencia (T4 satélite).

Pero además, el sindicato exige que, para este tipo de situaciones, se delimite claramente quién debe actuar y si la reposición corresponde a Enaire como gestor de navegación aérea o a AENA como titular del aeropuerto en el contexto de la postprivatización. En opinión de CSIF, el control y la revisión del material debería realizarse en el propio aeropuerto sin la intervención del departamentos de servicios generales de Enaire desde el centro de Torrejón. Y remata: “si un día Enaire pierde el contrato de prestación de servicios ATS/CNS seguro que no se llevarán las sillas”.

De nuevo, la situación parecería un chiste, si no fuera porque en efecto la separación entre Enaire y AENA Aeropuertos está causando problemas aparentemente menores de mantenimiento que en ocasiones han desembocado en graves problemas de seguridad, como ocurrió recientemente en el aeropuerto de Málaga por un corte de suministro eléctrico mínimo que sin embargo provocó una caída general del sistema informático y dejó a ciegas a los controladores durante 90 minutos con los aviones en vuelo.

En cuanto a las sillas propiamente dichas, esta web ya publicó hace un año una información parecida por la cochambre del material que tenían a su disposición los controladores de la torre del aeropuerto de Gran Canaria. Aún así, Enaire tardó casi un año en reponer algunos de los elementos de apariencia más calamitosa, entre ellos un sillón de descanso tan destartalado, que su escalón inferior había sido pegado por los propios controladores al cuerpo central con cinta de embalar. Y así estuvo más de un año hasta hace apenas unos días.

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