¿Vertido de petróleo? Consecuencias “desastrosas”, probabilidad “absolutamente remota”

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Repsol endurece las hipótesis de riesgos al aportar a Industria el cuadro de simulaciones de derrames que le exigió la declaración de impacto ambiental

 

La petrolera examina caso por caso todos los posibles siniestros, entre ellos el de un reventón de todas las barreras protectoras del pozo y un vertido de 3.000 barriles diarios al mar

 

 

Texto: Teresa Cárdenes

 

La probabilidad de un vertido de petróleo que impactara en las costas de las islas orientales como consecuencia de las prospecciones de Repsol es “absolutamente remota”, pero si se produjera un accidente, simulando el peor de los escenarios imaginables, el catálogo de posibles consecuencias se clasifican como “desastrosas” para Fuerteventura y “muy serias” en el caso de Gran Canaria y Lanzarote. Así se define en el cuadro de riesgos aportado por la compañía Repsol al Ministerio de Industria tras la información que le requirió Medio Ambiente en la declaración de impacto ambiental (DIA). ¿Cómo se calcula el riesgo? Cruzando dos factores: la categoría de las consecuencias y el índice de probabilidades de que se produjera un siniestro. Con estos datos en la mano, la petrolera llega a la conclusión de que “no se identifica ningún riesgo elevado” y que la operación “se puede ejecutar de manera segura con la adopción de todas las medidas de control y mitigación previstas”, porque éstas, dice Repsol, permiten “el nivel de riesgo más bajo razonablemente posible”.

La confección de un cuadro de simulaciones de riesgos fue una de las reclamaciones que hizo la DIA a la compañía Repsol. La declaración de impacto ambiental aprobada por el Ministerio de Medio Ambiente y anunciada justo en la víspera del Día de Canarias causó una marea de indignación en las Islas y desencadenó una oleada de protestas en la calle. Pero lo cierto es que la DIA era muy crítica con la petrolera en algunos de sus apartados y exigía a Repsol mucha información complementaria sobre aspectos estratégicos de las prospecciones frente a Lanzarote y Fuerteventura, en especial en dos capítulos: la ‘modelización’ de posibles vertidos (un cuadro de simulaciones con toda la gama de siniestros y sus posibles consecuencias) y los riesgos de la sismicidad en la zona. Además, exigía también datos suplementarios sobre el impacto previsible de la actividad en la fauna marina y la población de cetáceos, básicamente por la generación de ruidos subacuáticos.

Esta información ya fue proporcionada por Repsol al Ministerio de Industria, que la suministrará a todos los agentes (instituciones y organizaciones ecologistas) que se personaron en el expediente, para cumplir el trámite de audiencia pública que es preceptivo antes de otorgar la autorización definitiva a través de la Dirección General de Política Energética y Minas. Uno de los documentos aportados por Repsol, centrado específicamente en el análisis de los riesgos, contiene varios cuadros que enumeran los diferentes tipos de siniestros que podrían darse en el curso de las prospecciones, desde la caída de un helicóptero con personal de los sondeos, hasta la destrucción del pozo de exploración, y enumera, clasifica y gradúa toda la gama de posibles daños, el índice de probabilidades de ocurrencia, el nivel de riesgo y el catálogo de medidas previstas tanto para evitar un desastre como para mitigarlo, en el caso de que se produjera.

La llamada matriz de evaluación de riesgos aportada en este documento de Repsol cruza dos factores. Por un lado, la categoría del daño o consecuencia de un siniestro, con seis grados: menor, moderado, serio, muy serio, desastroso y catastrófico. Por otro, el grado de probabilidad de que el accidente se produzca, que en orden ascendente serían los siguientes: absolutamente remoto, prácticamente imposible, altamente improbable, remotamente posible, poco usual, posible y casi seguro. El cruce de ambas variables dan lugar a su vez a una escala de riesgos, que de nuevo tiene cinco escalones: bajo, medio, alto, urgente y extremo.

A los siniestros examinados en el cuadro de riesgos en relación con los sondeos proyectados en Canarias se les atribuye un riesgo que oscila entre medio y bajo, con un índice de probabilidad que en la gran mayoría de los casos es “absolutamente remoto”, pero una categoría de consecuencias que alcanzarían los grados de “desastrosas” para Fuerteventura y “muy serias” para Gran Canaria y Lanzarote. Los cuadros de simulación son prolijos en la categorización de las posibles consecuencias y enumera aspectos tanto físicos como sociales: desde la calidad del aire o el agua, hasta el impacto biológico y las consecuencias socioeconómicas. Paradójicamente, este apartado enumera los posibles efectos sobre la pesca, el tráfico marítimo, el paisaje, los daños a las personas o el impacto internacional en la percepción pública de un posible siniestro, pero no menciona por ningún lado la palabra ‘turismo”.

¿Cuáles son los posibles siniestros enumerados? De dos tipos, empezando por los riesgos accidentales. En este apartado se incluyen estas hipótesis: la pérdida del barco de los sondeos por un choque con otra embarcación, su hundimiento, una explosión incontrolada, una acto de sabotaje, un fallo con fuga en el control submarino del pozo y la concurrencia de condiciones meteorológicas adversas.

El segundo bloque de riesgos son operacionales, y aquí se detallan todas las posibles consecuencias de una pérdida integral de la unidad de perforación o de la integridad del pozo. En este último caso, y de acuerdo con la petición de la DIA de que Repsol se colocara en la más pesimista de las suposiciones posibles, se describe el escenario incluso en la peor y más catastrófica de las situaciones, esto es, la hipótesis de que fallaran una a una las tres barreras de protección del pozo, incluso con pérdida de su principal elemento de control, el sistema de prevención de vertidos (Blow Out Preventer, BOP).

Para los peores supuestos, la compañía reconoce como ‘categoría de la consecuencia’ impactos sobre el medio ambiente “muy serios” o “desastrosos” tanto mar adentro como en zonas de costa de las tres islas orientales y naturalmente el riesgo de muerte de personas entre los operarios que realicen los trabajos de exploración (entre 2 y 9 fallecimientos en la más dramática de las hipótesis, detalla el documento). Pero en todos los casos especifica que, aunque el riesgo es medio (amarillo, el segundo nivel más bajo), la probabilidad de que ocurra un siniestro de esta naturaleza es “absolutamente remoto”.

Hay que destacar que, en la descripción de este escenario, Repsol endureció el nivel de las posibles consecuencias frente a sus previsiones iniciales, más optimistas. Este endurecimiento fue algo que le sugirieron sucesivamente una de las consultoras que contrató para evaluar los riesgos y posteriormente los técnicos de los ministerios que intervinieron en el proceso de elaboración de la declaración de impacto ambiental (Fomento y Medio Ambiente). Por esta causa, la simulación de riesgos parte de la hipótesis de que un siniestro grave pudiera provocar un derrame al mar de 3.000 barriles diarios durante 30 días, frente a los 1.000 previstos en sus informes iniciales.

Junto al catálogo de siniestros e hipotéticas consecuencias, la petrolera enumera también los listados de planes y medidas, tanto preventivas, como de mitigación, para realizar los sondeos con el mayor nivel de garantía medioambiental posible y el menor impacto posible. Muchas de las medidas de estos planes de contingencia, subraya, se elaboraron reforzando al alza las medidas correctoras, para lo que se  tomó como base de cálculo un hipotético vertido de 5.000 barriles diarios, es decir, un 66% superior al peor derrame calculado. El informe precisa que, una vez se baremaron los peligros y se catalogaron las medidas preventivas, se volvió a hacer una segunda lectura de riesgos, para endurecer aún más las barreras de protección.

El endurecimiento de las simulaciones de riesgo es especialmente llamativo en lo que respecta a la isla de Lanzarote. Según estos últimos cuadros, para la isla se contempla la contingencia de un impacto de categoría desastrosa, pese a que la propia declaración de impacto ambiental de Medio Ambiente subraya que, a diferencia de lo que ocurre en Fuerteventura, el impacto de un vertido sobre Lanzarote sería muy limitado, casi al límite de lo irrelevante, debido a la localización de las cuadrículas de exploración y el previsible desplazamiento hacia el suroeste de las hipotéticas masas de agua contaminada, que teóricamente las acercarían a Fuerteventura y Gran Canaria, pero las alejarían de la isla de los volcanes.

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